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Institución  investigadora y formuladora de políticas socioeconómicas para el desarrollo de la población en El Salvador

Sequía 2015: Alerta y oportunidad para cambiar y transformar la agricultura de El Salvador

Ismael Merlos
Coordinador Área de Desarrollo Territorial
Fundación Nacional para el Desarrollo (FUNDE)

La actual sequía que se ha presentado en El Salvador registra 50 días sin lluvia durante los periodos, 14 de junio-7 de julio, 10 de julio-17 de julio, 20 de julio- 6 de agosto ha ocasionado la pérdida de al menos el 50% de los cultivos de maíz, y pérdidas significativas de los cultivos de frijol. Esta situación pone en alto riesgo el acceso a alimentos, la producción ganadera, el acceso a agua potable, la producción de energía y la salud de nuestra población. Registros del El Ministerio de Medio Ambiente y Recursos Naturales (MARN) indican que la actual sequia es la más severa en la historia de nuestro país. El MARN pronostica que es muy probable que la situación de escases de lluvia se prolongue durante el periodo que aun falta de invierno en el presenta año. La prolongación de la sequia puede ocasionar pérdidas aun mayores en la agricultura, escases y altos precios de los granos básicos.

Los fenómenos climáticos adversos están ocurriendo con mayor frecuencia e intensidad en los últimos años en nuestro país. El calentamiento global y el cambio climático ya no son casuales, son una realidad con tendencia a causar pérdidas y daños cada vez mayores en la agricultura, la infraestructura y la economía nacional en los años venideros.

Ante los impactos causados por la actual sequía en la agricultura, más allá de la compra de alimentos para garantizar la seguridad alimentaria, es urgente y prioridad nacional diseñar y comenzar a implementar una Estrategia de Transformación de Nuestra Agricultura con visión y alcance de mediano y largo plazo. Esto supone hacer un viraje en el diseño de la política agropecuaria nacional, adecuar y/o actualizar las tecnologías y destinar mayores recursos para construir una agricultura con resiliencia a fenómenos climáticos adversos, una agricultura más productiva y sostenible.

No podemos seguir haciendo agricultura como lo hemos hecho siempre. No podemos seguir desperdiciando las aguas lluvias, superficiales y subterráneas que aún tenemos. Debemos hacer cambios profundos. 

En una primera fase de transformación de nuestra agricultura debemos trabajar de manera urgente en la implementación de acciones como las siguientes: 

1.    Diseñar e implementar una estrategia inmediata para el aprovechamiento óptimo de las tierras disponibles en los distritos de riego para producir especialmente alimentos básicos.

2.    Hacer inversiones públicas para la ampliación de opciones de riego agrícola que sean accesibles a los pequeños agricultores en zonas donde existe posibilidad de uso de recursos hídricos.  

3.    Construir sistemas de infiltración y reservorios para captar y capitalizar las aguas lluvias en las parcelas productivas para prologar la humedad del suelo y el periodo de hidratación de los cultivos. Israel, con solo 435 milímetros de lluvia promedio anual, es autosuficiente en la producción de alimentos y exportador de frutas y verduras. En El Salvador, con los 1,784 milímetros de lluvia promedio anual que aún tenemos, podemos avanzar en el desarrollo  de nuestra  agricultura, que además de garantizar la seguridad alimentaria, es un  medio clave para reducir la situación de pobreza de las familias ruarles.     

4.    Restaurar los suelos utilizados para producción agrícola y ganadera erradicando la quema de restrojos, pastizales y bosques, erradicando la erosión y enriqueciendo la fertilidad de los suelos con materia orgánica y minerales naturales.

5.    Restaurar los bosques y las áreas de recarga hídrica para fortalecer los caudales de las fuentes de agua superficiales y subterráneas. Es prioridad nacional recuperar y desarrollar los bosques cafetaleros renovando las plantaciones de café.

Las anteriores son acciones iniciales de una estrategia orientada a construir una agricultura resiliente ante el calentamiento global y la variabilidad climática.

La transformación de nuestra agricultura deberá hacerse en el marco de un Plan de País y de un compromiso conjunto del Gobierno, los agricultores y de nuestra sociedad en general.

10 de agosto de 2015